Buenos Aires, 18 julio (NA) – El municipio de Zárate volvió a quedar bajo presión por el servicio de agua potable luego de que vecinos de Villa Massoni y Villa Fox denunciaran baja presión, pérdidas en la vía pública y agua sucia en sus viviendas.
Según supo la Agencia Noticias Argentinas, los reclamos alcanzan a distintas cuadras de ambos barrios, donde frentistas advierten que el agua llega con poca fuerza, pierde claridad y en algunos horarios directamente no alcanza para cubrir necesidades básicas.
La situación golpea de lleno a la gestión de Marcelo Matzkin porque el agua no es un servicio accesorio. Es una prestación esencial que impacta en salud, higiene, cocina, comercios, escuelas y vida cotidiana. Cuando un vecino abre la canilla y cae apenas “un hilito”, el problema deja de ser técnico y pasa a ser político.
El municipio informó la reanudación de obras en Villa Massoni, con reparación de infraestructura hidráulica, red de distribución y conexiones. Pero ese anuncio también funciona como una admisión: el sistema arrastra fallas, la obra no resolvió todavía el problema y los barrios siguen esperando una solución efectiva.
El punto más delicado es que la propia comunicación oficial reconoce que la intervención apunta a dar respuesta a inconvenientes que los vecinos padecen desde hace años. Esa frase deja mal parada a la administración local, porque muestra que no se trata de una emergencia aislada, sino de un déficit acumulado.
Zárate deberá explicar qué obras quedaron pendientes, cuánto costarán, quién las ejecutará, qué plazos reales existen, qué barrios siguen con baja presión y qué controles se hacen sobre la calidad del agua.
También deberá informar cuál es el rol concreto de ENDEZA y de Aguas de Zárate en la prestación, qué nivel de reclamos se registra y cómo se atienden las emergencias fuera del horario administrativo. En un servicio básico, la burocracia no puede ser más visible que la solución.
La gestión de Matzkin enfrenta una doble presión. Por un lado, debe resolver la infraestructura. Por otro, debe recuperar la confianza de vecinos que sienten que el problema se repite sin respuestas definitivas.
El agua sucia y la baja presión no se pueden maquillar con promesas. Zárate necesita obras terminadas, control técnico y resultados verificables en las canillas.
El municipio puede anunciar reanudaciones, etapas y mejoras, pero la medida real será otra: que en Villa Massoni y Villa Fox los vecinos dejen de reclamar por un servicio que debería estar garantizado desde hace años.
Agencia NA
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